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El descubrimiento de l gran río de las Amazonas E-Mail

 

La conquista del nuevo mundo por parte del Imperio español, tuvo entre sus exploradores y conquistadores a Francisco de Orellana, quien se dejó encantar por el embrujo de “El Dorado”, y en su búsqueda de aquella mágica y rica ciudad encontró un tesoro maravilloso e inconmensurable, la magia de la selva oriental y el Río Amazonas.

Francisco de Orellana oriundo de Trujillo de Extremadura en España, realizó su primer viaje a América a la edad de diecisiete años, en la etapa más intensa de la expansión colonial española, fue un excelente conocedor del territorio americano y de varias lenguas amerindias, fue un compañero inseparable de Gonzalo Pizarro con quien en 1536 participó en el asedio al Cuzco y en la batalla de la Salinas frente a Diego de Almagro en 1538.

Fue por esta razón que recibió de Gonzalo Pizarro la gobernación de Culata, en la cuenca del Guayas, donde además de ocuparse de la Villa Nueva de Puerto Viejo, debió erigir la ciudad de Santiago de Guayaquil fundada por Sebastián de Benalcazar.

Junto a Gonzalo Pizarro gobernador de Quito emprendieron la empresa de buscar “El Dorado”, un país de maravilla, del cual contaban los indios que estaba regido por un poderoso monarca, quien en lugar de usar traje, cosa que estaba en pugna con la dignidad divina, bañábase todos los días con polvo de oro que quedaba adherido a su cuerpo, y que al anochecer se lo quitaban las olas de los ríos, en los cuales se sumergía.

Francisco de OrellanaEl polvo de oro que se perdía diariamente en su inmersión marítima, nada importaba al soberano que derrochaba aquel precioso metal.Los indios respondían a las curiosas preguntas de los españoles dándoles detalles cada vez más precisos sobre aquel extraordinario rey, muy superior en riquezas aun al poderoso Rey Inca. Y esto determinó a Gonzalo Pizarro a preparar una expedición con ese doble objetivo, como comunicó en carta al Emperador: “El Árbol de la Canela” y “El Dorado”. En su preparación empleó buena parte del cuantioso botín que correspondió en la conquista del Perú. El ejército con que salió de Quito para su fabulosa conquista, a principios de 1541, se componía de doscientos españoles y cuatro mil indios. Con él llevaba doscientos caballos -lo que representaba una riqueza inaudita para aquellos tiempos-; numerosas llamas, que se utilizaban como bestias de carga, rebaños de cerdos y provisiones de toda índole. Y además de seis municiones y las armas, herramientas para la fabricación de nuevas factorías, semillas europeas, en fin, todo lo necesario para la fundación de un imperio propio. Ninguna potencia europea hubiera podido sufragar los gastos de semejante expedición; solamente los altivos conquistadores podían permitirse el lujo de prepararla, con la riqueza adquirida por medio de la espada y el coraje. Con la particularidad de que, lo que ganaban en una expedición, lo gastaban en la preparación de otra. En el camino por el valle del Zumaco se uniría Francisco de Orellana quien abandonó la tenencia de la gobernación de Guayaquil para participar ahora, con veintitrés hombres armados a sus expensas, en esta aventura.

A pesar del cuidado que se puso en la preparación de la expedición, todas las prevenciones resultaron insuficientes. Las dificultades obedecían a la naturaleza y al clima. Empezaron las calamidades al atravesar la cordillera, donde murieron buena parte de los indios, acostumbrados al clima suave de la meseta ecuatoriana; pero cuando llegaron a los valles del Amazonas, la cosa fue aún más grave. Llegaron finalmente a las orillas del río Coca, afluente del Napo, afluente a su vez del Amazonas. Para seguir avanzando necesitaban otro medio de transporte. Inmediatamente empezaron la construcción de un barco de poco calado y bastante fuerte como para resistir a los ataques de las canoas indígenas. La madera no faltaba, los clavos se fabricaron con los arneses y las herraduras de los caballos muertos. A lo largo del río Coca, y más tarde del Napo, hasta la confluencia del Aguarico, empezó a navegar por vez primera una embarcación europea de extraña construcción. Debido al aumento de las enfermedades y a la falta de víveres, Gonzalo Pizarro decide establecer un campamento a orillas del río, y explorar el país con la embarcación. De esto último encarga a Francisco de Orellana, que zarpa el 26 de diciembre de 1541, llevando a bordo del frágil navío cincuenta y siete hombres.

Orellana promete volver en doce días. Pero pasa el plazo fijado. Pasan no ya días, meses, sin que Orellana vuelva. Cuando Gonzalo Pizarro ya no puede prolongar más la espera, resuelve volver al Ecuador. El viaje de vuelta es aún más torturador que el de ida. Y en junio de 1542, a los dieciséis meses de su salida de Quito, comandando un formidable ejército, entra en la ciudad al frente de ocho fantasmas -con él nueve- vestidos de harapos: a eso había quedado reducida la espectacular expedición. Mientras tanto Francisco de Orellana sintió el deseo de emprender una gran aventura personal, al frente de los cincuenta y siete hombres que iban con él.

En vez de dedicarse a la busca de víveres, decidió ir a la busca de El Dorado, como la embarcación que llevaba no era suficiente para su Gonzalo Pizarroempresa, decidió, como primera medida la construcción de una nave mayor, y en el término de treinta y cinco días, hizo construir por sus gentes un bergantín, en el que continuaron el viaje por el río, contando también con la embarcación antigua, que seguía a la nueva, reanudaron el viaje el 24 de abril de 1542, y el 12 de mayo llegaban a Machiparo. Allí tuvieron que luchar con los indios para abastecerse, y continuando su navegación, penetró con ellos el primer barco tripulado por europeos en el mayor río del mundo, denominado en un principio Trinidad, más tarde de Orellana y finalmente Amazonas, nombre que se debió al propio Orellana, quien creyó ver mujeres guerreras en uno sus desembarcos, precisamente en la lucha sostenida con aquellas amazonas indias, Orellana perdió un ojo.

El inmenso río no ofrecía riquezas, ni había oro por allí. Los indígenas vivían de la pesca y del cultivo de la mandioca. El maravilloso paisaje suplantaba cualquier otra necesidad de enriquecerse. El río y la selva virgen les proporcionaban alimentos, y, en cuanto a la vestimenta y a la vivienda, los indios se arreglaban de cualquier forma. ¿Qué iban a encontrar los españoles en aquel "infierno verde"? Navegando siempre tras la ilusoria sombra de su sueño -El Dorado- Orellana llegó al mar Atlántico el 24 de agosto de 1542.

Había recorrido el río más grande de la América del Sur, atravesando todo el continente, el primer punto que tocó fue la isla de Cubagua, en la costa venezolana, donde se encontró con pescadores de perlas españoles que le recibieron muy bien a él y a sus compañeros. Podían vanagloriarse de ser los primeros exploradores del Amazonas.Poco después, Orellana marchó a España, donde sus relatos llamaron poderosamente la atención. En la Corte consiguió el nombramiento de gobernador de la tierra por él explorada y dos años después intentaba surcar el Amazonas, pero en sentido inverso. No logró su propósito. Apenas entró en la aguas del río Amazonas, le acometieron unas fiebres mortales, y rindió su vida a orillas del gran río que perpetuaría su memoria.

 
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